domingo, 10 de julio de 2016

La libertad no tiene límites

Da para tanto este concepto que me sería imposible redactar una opinión sin partir de premisas que se prestarían a largas disertaciones, como la asunción de que somos libres y nuestros actos son una manifestación de esa libertad, pero ¿qué es realmente la libertad?

Si la respuesta que obtienes haciendo esta pregunta es mínimamente extensa te encontrarás con mil y un enfoques en función de la ideología de tu interlocutor: liberales, comunistas, kantianos, nazis, anarquistas, budistas o testigos de Jehova te describirán situaciones distintas como "actos de libertad", "derechos" relacionados con esa libertad y "cosas que se sitúan fuera de los límites de la libertad". Y todos, por supuesto, creerán que su visión de la libertad es la verdadera y lo demás censura o libertinaje y/o abuso de poder. Como todxs ellxs defenderé mi propia teoría: que la libertad no puede ser una idea dependiente de una ideología política determinada, so pena de convertirla en un concepto vacío (que puede quedar muy bonito para slogans y canciones protesta, pero que a la hora de intentar elaborar un discurso nos va a abocar una y otra vez a una petición de principio).

Si definimos los límites de la libertad en función de lo que nuestra ideología establece como bueno (por ej: que forme parte de tu libertad manifestarte contra el gobierno, insultar a un policía, pedir la muerte de un político, silenciar una protesta neonazi, impedir una corrida de toros saltando al ruedo...), no estamos definiendo la noción de libertad, sino nuestra propia ideología. El concepto pasa a ser una mera forma de denominar lo que pensamos que está bien y permitido y lo que no, remitiendo la justificación de tal clasificación a los principios de nuestros enfoques políticos, religiosos o sociales.

Podéis remitir a la típica frase de que "la libertad acaba donde empieza la del otro", pero ¿quién o qué define dónde empieza la del otro? Todas nuestras acciones tienen consecuencias, y en tanto vivimos en sociedad tienen consecuencias directas o indirectas sobre las demás personas, entonces ¿en qué punto el efecto sobre los demás de lo que yo haga con mi vida pasa a ser materia de la libertad de la otra y ya no de la mía? Para una persona religiosa, acciones que tú consideras se circunscriben exclusivamente a tu libertad pueden estar traspasando ese límite al contraponerse a los mandatos de dios; para el colectivo LGTBI podría traspasar esa línea la publicación de un artículo GODIfóbico*; para lxs provida, el aborto traspasa los límites de la libertad individual de la mujer atacando la libertad (vida) del feto; para la mayoría de las feministas, esa postura va en contra de la libertad de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo... y podría seguir mencionando casos hasta la saciedad. Todas ellas tienen razón en sus planteamientos porque todas ellas parten de premisas ideológicas distintas a la hora de definir la libertad.

Ahora bien, ¿cuál es, entonces, mi postura al respecto? pues que la libertad es una forma sin contenido. La libertad es, simple y llanamente, poder. Libertad es la capacidad de ejercer tu voluntad, y esa definición carece de límites y connotaciones morales: libertad es hablar, reír, matar, comprar, defenderse, agredir, parir, trabajar, impedir, violar, pensar... Es por eso que la libertad no es un derecho, simplemente es. Lo que puede y debe ser legislado es la limitación de la libertad en pro de otros valores. Y es que para mí, la libertad como valor está lejos de situarse en el primer puesto de mi lista de prioridades, pues casi siempre la supedito al bienestar (o, más concretamente, a la evitación del sufrimiento): considero más importante reducir la violencia de género que la libertad de un misógino de publicar un libro sobre la inferioridad de la mujer; respetar el luto de una familia que acaba de perder a su hija lesbiana que la libertad de los seguidores de la Iglesia de Westboro de acudir al funeral con pancartas rezando lo felices y agradecidos que se encuentran por su muerte; evitar que un niño pequeño contraiga una diabetes a la libertad del mismo de comer 2 kilos de dulces al día.

No obstante, no necesito justificar ninguna de estas decisiones diciendo que la segunda opción de cada ejemplo no entra dentro de la libertad individual por h o por b: sí lo hace, y prohibirlo es una imposición ni más ni menos legítima que la imposición contraria. Pero como ya expliqué en Relativismos mal entendidos, no tengo ningún problema con esa palabra: yo, como la inmensa mayoría de la gente, impondría si pudiera mis principios al resto del mundo. Y antes de saltarme al cuello, pensad en lo que tratáis de hacer votando.



*GODI: Géneros, Orientaciones Diversas e Intersexuales. Un acrónimo bastante más inclusivo, fácil y legible que el LGTBI y sus variantes - usadlo más, leñe.

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